Yo, hombre vivo, soy mi gobernante y autoridad. Mi voluntad y palabra son decreto. Estas deberán siempre trabajar en mi beneficio y el de mi descendencia, así como en el de otros seres a mi cargo, lugares y/u objetos.
Yo, hombre vivo, que no tiene por qué acatar ordenes de otros ni dar explicaciones, expreso aquí estas ideas por amor, tanto a quienes puedieran servirles para su propia realización, como para aquellos que pretendieran imponerme sus deseos, sabiendo o no, que no son quien.
Es moral hacer uso de la tierra y los bienes que esta ofrece para cubrir las necesidades propias y de otros hombres y seres vivos en convivencia. No es moral acaparar la tierra, sus recursos, ni explotarlos de manera irresponsable
La agresión o amenaza contra un hombre, sus propiedades u otros seres vivos, legitiman la defensa, pudiendo llegar esta al poder de la fuerza